miércoles, 13 de junio 2018

La popularidad de los líderes políticos y el calendario electoral

El Centro de Estudios Andaluces publica un estudio que analiza las fluctuaciones en la valoración de los líderes políticos nacionales y autonómicos entre 2004 y 2016

La colección ‘Actualidad' que edita el Centro de Estudios Andaluces publica una recopilación de resultados más representativos de la investigación galardonada con el primer premio en la última edición de los Premios Tesis en 2017, realizada por la investigadora de la Universidad Pablo de Olavide Fátima López Recuero. Este trabajo examina la evolución de la popularidad de los líderes políticos en dos vertientes: a lo largo de sus mandatos y también de sus carreras políticas, y cómo esta valoración se encuentra condicionada por las diferentes convocatorias electorales, a nivel nacional y autonómico.

La autora ha tenido en cuenta el periodo comprendido entre 2004 y 2016. Utilizando datos de las encuestas realizadas por el Centro de Análisis y Documentación Política y Electoral de Andalucía (CADPEA), en primer lugar, este trabajo examina la evolución de la percepción que tiene la población andaluza de sus representantes en los dos niveles de gobierno citados, tanto de los presidentes como de quienes ejercen el liderazgo en el principal partido de la oposición en cada mandato. Ello permite comparar si la percepción que la ciudadanía tiene de sus representantes varía o no dependiendo del nivel de gobierno en el que ejerza su labor política.

Para el caso del Gobierno central, se tienen en cuenta las legislaturas comprendidas entre 2004 y 2008, 2008 y 2011, 2011 y 2015 y 2015 y 2016, que han tenido como protagonistas a los presidentes José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE), durante los dos primeros mandatos, y a Mariano Rajoy (PP), durante los dos últimos. Mariano Rajoy es también el principal líder de la oposición para los dos primeros periodos objeto de estudio, mientras que cuando accede a la Presidencia del Gobierno, ocupa el cargo de principal líder de la oposición el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba. Este último se mantiene hasta julio de 2014, cuando es sustituido por Pedro Sánchez.

En el caso del presidente del Gobierno, la percepción de la ciudadanía suele seguir un patrón de evolución definido, más allá de la existencia de las fluctuaciones que puedan producirse a corto plazo por factores coyunturales. Así, la elección de un presidente suele traer consigo un aumento de las expectativas en su persona, las cuales comienzan a quebrarse de manera progresiva durante el mandato ante las dificultades de la acción de gobierno. El hecho de que la ciudadanía recupere la confianza en su presidente, valorando su gestión en el cargo o, por el contrario, mantenga e intensifique su desconfianza cuestionando su desempeño, se refleja en la popularidad de este al final del mandato y en sus opciones de conseguir o no la reelección en la siguiente convocatoria electoral.

La popularidad del principal líder de la oposición, por su parte, suele presentar también unos patrones determinados de evolución, aunque de carácter menos estable que los referidos a la popularidad del presidente del país. Es posible que el candidato que pierde unas elecciones generales incremente su valoración tras las mismas, aunque la magnitud de dicho incremento suele ser más pequeña comparada con la que experimenta el presidente. Por otra parte, los cambios de liderazgo que pueden producirse en el seno de su partido también suelen distorsionar las pautas de evolución previamente definidas. De cualquier forma, la percepción que la ciudadanía se conforma del principal líder de la oposición es determinante ya que, si consigue ser mejor valorado que el presidente al final del mandato, puede llegar a ganar las siguientes elecciones.

Líderes políticos autonómicos

Para el caso del Gobierno autonómico, se han estudiado las legislaturas comprendidas entre 2004 y 2008, 2008 y 2012 y 2012 y 2015 en las que han ejercido la presidencia de la Junta de Andalucía los socialistas Manuel Chaves, hasta abril de 2009; José Antonio Griñán, hasta septiembre de 2013; y Susana Díaz, reelegida como presidenta en las elecciones de 2015. Como principales líderes de la oposición se han sucedido en este periodo los populares Teófila Martínez, hasta marzo de 2004; Javier Arenas, hasta julio de 2012; y Juan Ignacio Zoido, hasta marzo de 2014, cuando es sustituido por José Manuel Moreno Bonilla como presidente de los populares andaluces.

De los datos que se obtienen, se observa que la persona que accede a la presidencia regional, a diferencia de la nacional, no experimenta una fase de euforia postelectoral tras la celebración de las elecciones en la que resulta elegida o reelegida, sino que suele registrar una caída de su popularidad. La identificación de otras pautas estables durante el resto del mandato queda dificultada por los diversos cambios de liderazgo producidos en el curso de las legislaturas objeto de estudio, cambios que distorsionan el desarrollo normal del mandato y, por tanto, la evolución de la popularidad de los líderes implicados. No obstante, sí parece confirmarse la existencia de un declive en la popularidad de quien asume la presidencia autonómica en la fase intermedia del mandato, más allá de las fluctuaciones que puedan registrarse a corto plazo.

En el caso de los dirigentes del principal partido de la oposición, se detecta la existencia de un declive progresivo en su popularidad hasta la mitad del mandato o algo más. En todas las legislaturas analizadas parece apreciarse un incremento de su popularidad justo antes de la llegada de las siguientes elecciones, si bien no puede establecerse tampoco una pauta estable debido a los efectos que los cambios de liderazgo generan en los niveles de valoración. En todo caso, en ningún momento la popularidad del jefe de la oposición logra superar a la del presidente autonómico, ni siquiera en el mandato en el que consigue ganar las elecciones, según puede extraerse de los datos disponibles.

Popularidad y carrera política

Otra parte del análisis que aporta el estudio se adentra en la evolución de la popularidad de los diferentes líderes citados a lo largo de sus carreras políticas, esto es, desde que acceden al cargo de mayor responsabilidad en sus distintas formaciones hasta que abandonan dicho cargo o concluye el periodo de estudio (hasta 2016), englobando así todos los mandatos a los que han concurrido.

Para el caso de los líderes políticos a nivel nacional, se desprende que tanto los presidentes como los jefes del principal partido de la oposición presentan una tendencia general de declive de su popularidad a lo largo del desarrollo de sus carreras políticas. Suelen obtener su mejor valoración cuando son nombrados como líderes de sus respectivas formaciones, tras un cambio de liderazgo. Desde ese momento, van perdiendo gradualmente la confianza de la ciudadanía con el transcurso del tiempo.

Los líderes políticos autonómicos también suelen sufrir un desgaste progresivo en su popularidad desde que son nombrados como máximos dirigentes de sus respectivas formaciones. En este sentido, respecto a la presidencia regional, se observa cómo la percepción que la ciudadanía tiene de la labor política de sus representantes se deteriora paulatinamente por el mero transcurso del tiempo. Lo mismo les sucede a quienes detentan el liderazgo de la oposición. No obstante, pueden producirse excepciones si el periodo temporal analizado no incorpora la carrera política completa de estos líderes. En consecuencia, se pueden llegar a observar incrementos de popularidad derivados de los efectos de cambios de liderazgo o derivados del abandono de la mayor responsabilidad política del partido.

Como conclusión general, entre los resultados más relevantes de este estudio, la investigadora destaca la constatación de que la percepción que tiene la población andaluza de los líderes políticos en los diferentes niveles de gobierno estudiados sigue un patrón cíclico, más allá de las fluctuaciones que puedan producirse a corto plazo por factores coyunturales. En este sentido, la popularidad que los representantes políticos tienen entre la ciudadanía se encontraría condicionada por el calendario electoral. La distancia temporal que separa cada momento de la legislatura con las elecciones que inauguran cada mandato afectaría a la valoración que la ciudadanía hace de sus líderes. Asimismo, estos patrones de evolución de la popularidad, que pueden ser diferentes según la situación política existente, suelen distorsionarse con los cambios de liderazgo que se producen en el seno de cualquier mandato en curso.

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