martes, 03 de octubre 2017

Andaluzas dispuestas a dar la vuelta a los prejuicios sociales

Un nuevo estudio de Encarnación Lemus publicado por el Centro de Estudios Andaluces rescata a las jóvenes andaluzas que pasaron por la Residencia de Señoritas entre 1915 y 1936, más de un centenar, entre ellas políticas como la malagueña Victoria Kent o científicas como la sevillana Cecilia García de la Cosa

María de Maeztu en la Residencia de Señoritas

El primer curso de la Residencia de Señoritas se inauguró en 1915 con el firme propósito de formar a jóvenes cultas e independientes, capaces de pensar y decidir por sí mismas y con un proyecto de vida profesional. Toda una rompedora apuesta por la educación femenina para la época cuando la presencia de mujeres en las aulas universitarias españolas era aún muy minoritaria. Sólo cinco años antes se había levantado la restricción para que pudieran ingresar oficialmente en todos los niveles de educación, mientras que en otros países como Estados Unidos las mujeres ya representaban en torno al 40% del alumnado de Educación Superior.

Una de las residentes, Carmen de Zulueta, lo resumía así: "[las estudiantes] vienen de hogares que tienen como modelo salas que solo se abren cuando viene una visita de cumplido; comedores donde no se come, con aparadores de caoba tallada, con plata regalada en la boda, que nunca se usa más que en algún cumpleaños o funeral (...) Aquí encuentran alegres cortinas de cretona que se corren para que entre la luz del sol (...) estanterías con libros que se leen (....) cuadros que reproducen obras famosas vistas en el Museo del Prado".

Esta descripción puede ser la metáfora, según la catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Huelva Encarnación Lemus, de lo que supuso "abrir las ventanas de la vida" a estas jóvenes mentes: "chicas llegadas de los pueblos de España vivían una metamorfosis, su arreglo sacrificaba el largo de la falda y el moño para adaptarse a la moda, lo que manifestaba su nueva visión del mundo y de la femineidad". "Llegaban siendo niñas desde sus pueblos de origen para transformarse en mujeres cultas y conscientes", explica Lemus en un nuevo estudio publicado por el Centro de Estudios Andaluces fruto del proyecto de investigación ‘Llegar a la Universidad y a la gran ciudad "en femenino". Las estudiantes andaluzas en la Residencia de Señoritas'.

Gracias a esta investigación podemos conocer quiénes fueron esas andaluzas pioneras. En total la profesora Lemus ha localizado un total de 114, desde que abriera sus puertas en 1915 y hasta su clausura en 1936, según consta en los registros consultados en el Archivo de la Secretaría de la Residencia que custodia la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón. Ello supone que un 10% de las estudiantes que pasaron por la Residencia de Señoritas provenían de Andalucía, lo cual significa que tuvieron una presencia intermedia, superior al ranking que por niveles de alfabetización femenino le hubiera correspondido a esta región, pero inferior a la presencia de las jóvenes procedentes del País Vasco, Asturias y la actual Castilla-León, desde donde llegaron más residentes.

Málaga es la capital de provincias andaluza con mayor número de estudiantes, 27, hecho que se explica por el peso del primer director de la Residencia de Estudiantes, el malagueño Alberto Jiménez Fraud, y por la directora de la Escuela Normal de Maestras, Suceso Luengo, destacada feminista cercana a la directora y fundadora de la Residencia, María de Maetzu, que atrajo a estudiantes malagueñas, entre ellas, Victoria Kent, quien pasará a la historia como una de las mujeres más destacadas del siglo XX: de las primeras en ser colegiada como abogada, primera en participar como tal en un consejo de guerra y primera en ocupar un cargo político al asumir la Dirección General de Prisiones.

Sevilla destaca con el segundo grupo más numeroso, 25 estudiantes, seguida de Córdoba con 16, Huelva con 15, Almería y Jaén con 9, Granada con 7 y Cádiz con 6. Pero no solo se trata de cuantificar, sino de indagar en la experiencia vivida. A través de la lectura de sus cartas -más de un millar-, escritas por sus padres a María de Maetzu, por las propias estudiantes a sus familias o a otras compañeras en periodos de vacaciones, podemos saber también de dónde venían, qué estudiaron y si llegaron a desarrollar una carrera profesional.

Jóvenes andaluzas residieron en este espacio privilegiado para un aprendizaje no solo académico, sino más general: "el aprendizaje de un modo de pensar y actuar liberal e independiente". Y es que la Residencia de Señoritas fue, desde el comienzo, más que un centro de alojamiento. Funcionó como centro de enseñanza en el que se impartían los más variados cursos: arte, dibujo, cultura general, música, economía, contabilidad... Pero, sobre todo, fue cobrando gran prestigio la formación especializada en lenguas modernas -inglés, alemán y francés-, así como en biblioteconomía, pedagogía y filosofía y química.

Las pioneras de la Residencia

Al abrir en 1915, la Residencia de Señoritas aceptaba jóvenes que estudiaran en distintos centros de enseñanza -la Escuela Superior de Magisterio, la Escuela de Música- o incluso que solo quisieran mejorar su cultura general, pero siempre se tuvo claro el objetivo de orientar a las chicas hacia un alto campo de miras y de estímulo intelectual y preferentemente a la Universidad. Entre estas auténticas pioneras se contaban algunas andaluzas, como la residente malagueña Cándida Cadenas Campos, y dos cordobesas de Bujalance: Silveria Zurita y Mariana Castro. Otras dos jóvenes, Concepción Barrero y Aurelia Mercedes García-Andoin, sin ser oriundas de Andalucía, desempeñarían sus profesiones en Andalucía: la primera, natural de Almendralejo, fue maestra en Sevilla; mientras que la segunda, oriunda de Bilbao, acabó dando clases en la Normal de Jaén.

"Son chicas de provincias, con buenas disposiciones intelectuales dispuestas a trabajar en cosas prácticas" -explica Lemus- "hijas de pequeños empresarios o del médico o del maestro de pueblo". Resulta clave la promoción que hicieron algunas figuras vinculadas a la Institución Libre de Enseñanza, como el notario Juan Díaz del Moral, persona cercana a María de Maetzu, destinado en Bujalance y amigo de Pedro de Castro, padre de la residente Mariana de Castro. De ahí explica Lemus el número de residentes procedentes de esta pequeña localidad cordobesa.

De la lectura de las cartas de las residentes se conoce que muchas alumnas andaluzas pedían realizar trabajos en el centro a cambio de poder reducir el coste de sus estancias o que solicitaron becas a la Junta de Ampliación de Estudios gestionada por Zenobia Camprubí, mujer de Juan Ramón Jiménez. La malagueña Victoria Kent tendría bajo su cargo el cuidado de la primera biblioteca de la Residencia; la también malagueña María Díez de Oñate llegaría a dirigir uno de cuatro grupos en los que estaba dividida la Residencia durante la etapa republicana, cuando alcanza su madurez con casi 300 estudiantes.

Realizar tareas de gobierno y atención de los pabellones, de gestión de la biblioteca, secretaría, contabilidad, jardinería, etc., puede ser considerado, según Lemus, como influencia de los colleges norteamericanos, principalmente del International Institute for Girls in Spain, el centro norteamericano vecino con el que se fusionó espacial e institucionalmente logrando un fructífero acuerdo de intercambio: desde 1919 las norteamericanas que quisieran venir a estudiar español se alojaban y recibían clases en la Residencia y en el Centro de Estudios Históricos de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE) y, como contrapartida, diversos colleges femeninos ofertaron becas para que las jóvenes españolas pudieran estudiar allí. La malagueña Cándida Cadenas Campos fue una de las primeras becadas en EEUU fruto de los intercambios con los colleges norteamericanos que promovió la institución; y Rosa Herrera Montenegro, natural de Jerez, licenciada en Farmacia y en Ciencias, perfeccionó sus estudios como becaria de la JAE en Suiza.

Esta colaboración supuso un éxito sin precedentes y repercutió en la aparición de la primera generación de mujeres científicas españolas, entre las que destacaron andaluzas como la ya citada Rosa Herrera Montenegro, que llegó a dirigir el prestigioso Laboratorio de la Residencia -Laboratorio Foster-; la sevillana Cecilia García de la Cosa, primera mujer médico en ingresar la Marina Mercante; la almerienses Jimena Quirós Fernández de Tello, oceanógrafa, e Isabel Gómez de Molina, doctora y especialista en psiquiatría infantil; la onubense María García Escalera, ginecóloga y una de las primeras mujeres médicas que abren consulta y que llegó a ser inspectora de sanidad; o Francisca Medina Verdeja, primera malagueña licenciada en medicina.

Del total de 114 alumnas registradas, Lemus llega a conocer los estudios cursados por 83, es decir, el 73% del total: 16 estuvieron relacionadas con Magisterio, preparación de Oposiciones de Magisterio, Acceso a la Escuela Superior o a los cursos de la Escuela Superior; 13 se decantaron por el campo de Filosofía y Letras, en las variantes de Historia, Filosofía, Filología y Biblioteconomía; el mismo número que las que hicieron Farmacia; Ciencias cursaron siete; Medicina, seis; y Piano, tres. Derecho fue más minoritario, en el caso de Andalucía solo lo cursaron la pionera Victoria Kent y Nieves López Pastor, esta última natural de Cabra, Córdoba.

Junto al citado proyecto de investigación, Encarnación Lemus ha coordinado la décima entrega de la Colección Cuadernos de Andalucía en la Historia Contemporánea, ‘Renovación en las aulas. La Institución Libre de Enseñanza en Andalucía', publicado por el Centro de Estudios Andaluces. Un volumen que analiza el papel de los estudiantes y profesores andaluces tanto en el devenir de la Institución como en la expansión de sus ideales y su efecto revolucionario a través de los organismos creados bajo su adscripción -la Junta para la Ampliación de Estudios, la Residencia de Estudiantes, la Residencia de Señoritas y las Misiones Pedagógicas, entre otros-, y que están en la base de la reforma educativa de la Segunda República y del esplendor de la Edad de Plata.

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