viernes, 02 de octubre 2015

Entrevista a Emilia Cortés Ibáñez por Esther García

“Antes de valorar a Zenobia por lo que supuso para Juan Ramón, debemos valorarla por ella misma”

Emilia Cortés Ibáñez, doctora en Filología Española por la UNED, es una de las máximas conocedoras de Zenobia Camprubí.

Acaba de comisariar para el Centro de Estudios Andaluces la exposición ‘Zenobia, en primera persona’, que puede verse en el Museo de la Autonomía de Andalucía hasta el 10 de enero. Emilia Cortés trabaja desde 2004 en el epistolario de Zenobia, del que hasta la fecha han aparecido dos volúmenes publicados por la Residencia de Estudiantes de Madrid, en 2006 y 2009. El tercero está en imprenta y ya prepara un cuarto volumen. Editora de ‘Diario de dos reciencasados’ (2012), diario de bodas de Zenobia y Juan Ramón, celebra que esté a punto de ver la luz ‘Diario de juventud. Escritos. Traducciones’, coeditado por el Centro de Estudios Andaluces y la Fundación Lara. Ella es responsable del estudio introductorio y de la selección de textos, de su traducción y transcripción. Esta publicación recoge el diario de juventud de Zenobia – 1905-1911–, escrito durante su etapa en Nueva York y su posterior regreso a España, concretamente a La Rábida (Huelva), cuando Zenobia descubre Andalucía. El volumen también incluye artículos, relatos, poemas, traducciones de cuentos y como primicia la traducción al inglés de algunos capítulos de ´Platero y yo´ y otros poemas de Juan Ramón, además de su conferencia ´El trabajo gustoso´.

Emilia Cortés Ibáñez

PREGUNTA.- ¿Cómo descubre a Zenobia? ¿Qué le enamora de ella?

RESPUESTA.- Descubrí a Zenobia cuando leí el primer volumen de su diario, ‘Diario 1. Cuba (1937-1939)’, que apareció en 1991. Yo lo leí en 1992, lo tengo anotado en el libro. Me gustó su manera de escribir, de contar las cosas, la encontraba sencilla, directa. Hice una segunda lectura y sentí la necesidad de escribir sobre ella cuando – ahora lo sé –  no sabía nada de ella. Pienso en mi Zenobia de aquella época y en mi Zenobia de ahora y no tienen nada que ver; aquella era una desconocida, la de hoy es mi amiga.

Pero si la figura de Zenobia me atrajo, también lo hizo la editora, Graciela Palau de Nemes, sabía tanto sobre ella: la había conocido, habían trabajado juntas… Y tuve la suerte de conocer a Graciela. Debo ser agradecida y reconocer que fue ella quien me llevó de la mano hacia Zenobia.

P.- De Nueva York a La Rábida, un cambio de vida muy drástico para una joven veinteañera  tan inquieta como Zenobia, ¿qué impacto le causa?

R.- El impacto debió de ser fortísimo. El día 2 de abril de 1909 escribe en su Diario: “Se tarda 12 horas en tren de Gibraltar a Sevilla. ¿Puedes imaginar algo más horrible? ¡Doce horas!”. Recordemos que vivió en Nueva York y en Washington, donde disfrutó de una libertad total para  viajar sola o acompañada, asistir a bailes, reuniones, fiestas de sociedad, salir con amigos –  cosa impensable en España donde en 1911 salía con señorita de compañía –, asistir a las clases de la Universidad de Columbia… Pero no olvidemos que Zenobia se crece ante las adversidades y situarse en la casilla de La Rábida con su familia le hizo inventarse una vida, una vida de maestra que dio aliciente a su día a día y que hoy, más de cien años después, lo vemos como la tarjeta de presentación de su futura actividad docente en las Universidades de Maryland y de Puerto Rico.

P.- Desde La Rábida, Zenobia emprende numerosos viajes por Andalucía entre 1909 y 1910, antes de establecer su residencia en Madrid. ¿Qué impresiones recoge en este diario sobre su encuentro con Andalucía?

R.- Zenobia llegó a España y Andalucía fue su gran descubrimiento. Desembarcaron en Gibraltar y siguieron a Algeciras, Granada, Ronda – “una ciudad tan preciosa” –, Sevilla, Huelva y La Rábida.  Durante el año escaso que vivieron aquí, realizaron numerosos viajes y excursiones que Zenobia recoge no sólo en su Diario sino también en relatos – ´Impressions of Cordoba´, ´Impressions of Cadiz´–  y en su artículo ‘A Letter from Palos’, publicado en Nueva York en 1910. Lo anota todo: ‘Excursión a Río Tinto’, ‘Ronda’, ‘Legends of Seville’, ‘How La Rabida Celebrates the Discovery of the New World’, etc.

P.- En 2009, coincidiendo con el centenario de la llegada de Zenobia a La Rábida, coordinó la exposición ‘Zenobia con luz propia’, organizada por la Universidad Internacional de Andalucía y la Fundación Zenobia-Juan Ramón Jiménez. Ahora, seis años después y de la mano del Centro de Estudios Andaluces, vuelve sobre Zenobia en una nueva aproximación a su figura en ‘Zenobia, en primera persona’ ¿Qué claves aporta esta nueva exposición que podemos ver en el Museo de la Autonomía de Andalucía?

R.- Seis años después sabemos más sobre la vida de Zenobia, lo que nos permite conocer mejor a la protagonista. Saber más sobre ella no encierra ningún misterio; los Diarios, al igual que las cartas, son las herramientas que nos permiten ahondar en el conocimiento de los personajes que nos interesan. Gracias a ellos hemos descubierto prácticamente toda la vida de Zenobia; su etapa norteamericana ha dejado de ser desconocida para nosotros, así como todas sus actividades comerciales anteriores a la Guerra Civil, las circunstancias anímicas en que conoció a Juan Ramón y los comienzos de su labor en común con Tagore al fondo.  Ya en el exilio, encontramos a una Zenobia enormemente activa. Vemos, casi minuto a minuto,  las dificultades por las que pasó durante las etapas en que la enfermedad del poeta se recrudecía. Y mucho más… El Centro de Estudios Andaluces y la Fundación Zenobia-Juan Ramón Jiménez han estado muy acertados al unir fuerzas para ofrecernos esta muestra de Zenobia.

P.- Zenobia colaboró activamente con Juan Ramón en el impulso de su carrera literaria como traductora y editora, sin embargo, la sombra del Premio Nobel la ha relegado históricamente a un segundo plano.  ¿Es cierto que fue su sombra oculta? ¿Qué desconocemos sobre ella que sea de justicia reconocerle?

R.- Sí, es cierto que no se le ha dado a Zenobia el valor que realmente tiene pero esto no sólo le ha ocurrido a ella, les ha pasado a más mujeres de esa época. Antes de valorar a Zenobia por lo que supuso para Juan Ramón, debemos valorarla por ella misma. Zenobia es una mujer inteligente, sensible, ágil en sus apreciaciones, realista, práctica, con una gran fuerza de voluntad y con metas y objetivos constantes. Zenobia no es una persona que ‘pasa’ por la vida; Zenobia la vive. No necesitó un hombre al lado que le diese brillo y apellido, tenía ambas cosas por sí misma, la prueba está en que hoy hablamos de Zenobia Camprubí, no de la Sra. de Jiménez. Quiero pensar que a estas alturas todo el mundo reconoce que ella fue el eje de la vida y de la obra del poeta.

P.- Zenobia cuenta que decidió abandonar sus “veleidades literarias” en favor de Juan Ramón, ¿tenía ella talento para la creación literaria?

R.- Sí, claro que tenía talento para la creación literaria, lo vamos a poder apreciar en su ‘Diario de juventud’, tal y como lo hemos apreciado en escritos ya publicados: ‘Malgrat’, ‘Juan Ramón y yo’, ‘Cómo es Juan Ramón’ y otros artículos. No obstante ella reconoció que el auténtico creador era Juan Ramón y, motu proprio, decidió emplear sus fuerzas en ayudarle a él en su obra. No olvidemos que Zenobia dedicaba todas las mañanas a la obra del poeta: mecanografiaba, seleccionaba, preparaba ediciones, se relacionaba con editores, atendía correspondencia, etc.

P.- Ya muy enferma, se ocupó de dejarle a Juan Ramón todo preparado antes de su muerte: últimos proyectos literarios, su legado patrimonial a buen recaudo e incluso una atención personalizada al cuidado del poeta.  Desde que unieron sus vidas y hasta el final, Zenobia se dedicó a Juan Ramón, a procurarle éxito en su carrera y bienestar físico y mental. ¿Explicaría esto que sobre ella se haya cernido el estereotipo de sacrificada esposa, anulada por su marido?

R.- Quien piense así  demuestra que no conoce a Zenobia, no es una mujer que se deje anular; si lo hubiese hecho, ahora no estaríamos hablando de ella. Lo que sí fue es una mujer enamorada, amó al poeta hasta el final, como lo demuestra su preocupación por él hasta el último momento. Cuando Zenobia sabe que su vida está acabando, sus metas son: el día a día del poeta, su bienestar físico y mental; organizar la Sala Zenobia-Juan Ramón Jiménez, de la Universidad de Puerto Rico, que estaba naciendo entonces; dejar lista la Tercera Antolojía del poeta; colaborar con la Universidad de Maryland en la propuesta de Juan Ramón para el Premio Nobel; y asegurar su futuro después de que ella muera. Juan Ramón no la anuló, todo lo contrario: “Quiero que tu nombre y el mío vayan siempre unidos”. Deseo que respetamos.

P.- ¿Hubiéramos conocido a otra Zenobia sin Juan Ramón como conocemos hoy a otras de sus contemporáneas y amigas, como María de Maetzu o Victoria Kent?

R.- Esencialmente no. Quizás conoceríamos a una Zenobia más entregada a causas sociales, a negocios. Seguramente, a una Zenobia más viajera, afición en la que sí se vio frenada por Juan Ramón debido a su estado de salud. Pero, si la comparamos con sus coetáneas, hagámoslo con las que tengan una situación familiar similar.

P.- ¿Lo sabemos ya “casi todo” de Zenobia Camprubí? ¿Para cuándo una primera biografía?

R.- Sí, prácticamente lo sabemos todo; quizás nos faltan detalles o situaciones puntuales pero que no son decisivos. Posiblemente sea el momento de ir pensando en desgranar el día a día de Zenobia.

P.- La inteligencia de Juan Ramón se escribía con “j”, ¿se podría escribir también con “z” de Zenobia?

R.- Sin duda. Se podría y se debería. 

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