Los cambios sociales, económicos y demográficos que ha experimentado la sociedad en las últimas décadas han fomentado el debate sobre las causas y consecuencias de las dificultades que experimentan mujeres y hombres para conciliar su vida personal, familiar y laboral. A partir de diferentes fuentes, en este trabajo se aporta evidencia reciente en términos cuantitativos acerca de este fenómeno para las parejas españolas y andaluzas, así como una valoración de algunos de los costes pecuniarios y psicológicos que derivan de las dificultades de conciliación.
Entre las principales conclusiones se observa una importante asimetría entre géneros en el reparto de las tareas del cuidado de hijos (y mayores dependientes) y otras tareas del hogar. Son las mujeres las que asumen mayores compromisos al respecto existiendo, por tanto, un grave problema de falta de co-responsabilidad.
Respecto al mercado de trabajo, un tercio de las empleadas andaluzas consideran que la maternidad supone un obstáculo en su trayectoria profesional. De hecho, se puede constatar la existencia de discriminación en cuanto al progreso salarial de las mujeres que entran en la maternidad respecto de las que no lo hacen. A esto hay que añadir los elevados costes de los servicios de atención a los hijos y, por tanto, se demuestra que la maternidad es injustificadamente costosa sólo para las mujeres, dificultando aún más sus posibilidades de disfrutar de una vida laborar, familiar y personal plenas. A los costes pecuniarios hay que sumarle un aumento en el nivel de estrés que se ha detectado a la hora de hacer frente a estos problemas.
El informe apunta también algunas recomendaciones desde la perspectiva de las políticas laborales tales como el aumento de la jornada continua, la no extensión de la jornada laboral más allá de lo establecido en el contrato y el ajuste a los horarios, como medidas para facilitar la coordinación y conciliación de ambos miembros de la pareja en las tareas comunes.
Otra de las observaciones interesantes que incluye el documento es que a medida que aumenta el nivel educativo, se eleva de forma considerable el tiempo dedicado por hombres y mujeres a los cuidados básicos y secundarios hacia sus hijos. Por tanto, el fomento del capital humano, y más específicamente una formación en valores de igualdad como parte de la formación reglada, podrían contribuir a un reparto más equitativo entre géneros de las responsabilidades familiares.
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