martes, 15 de diciembre 2015

El Centro de Estudios Andaluces y la Fundación Blas Infante publican la primera edición crítica de 'Ideal Andaluz'

Esta edición, que inaugura la colección de las obras completas de Blas Infante, cuenta con un prólogo de Juan Antonio Lacomba y un estudio introductorio de Francisco Garrido Peña

El 23 de marzo de 1914, en el Ateneo de Sevilla, Blas Infante leía su Memoria "acerca del Ideal Andaluz", con la que culminaba el debate ateneísta sobre esta cuestión. Dicha Memoria, ampliada con un conjunto de artículos periodísticos reunidos bajo el título "Acerca del Regionalismo Andaluz", se publicó un año más tarde bajo el título Ideal Andaluz. Varios estudios acerca del Renacimiento en Andalucía.

Desde entonces, esta obra, quizá la más importante de la trayectoria de Blas Infante, ya que, en buena medida, recoge muchos de los postulados políticos y sociales que desarrolló y defendió a lo largo de toda su vida, ha sido objeto de múltiples reediciones y reimpresiones. Sin embargo, a pesar de la relevancia histórica, política, simbólica y ética que tiene este libro –publicado por un joven Infante de solo 30 años de edad–, así como de las múltiples interpretaciones teóricas y prácticas que tuvo en la época y que ha tenido a lo largo de todos estos años, lo cierto es que Ideal Andaluz estaba aún hoy falto de una edición crítica que facilitase la comprensión de un texto "complejo, de gran amplitud temática y difícil lectura", en palabras del profesor Juan Antonio Lacomba.

Atendiendo a esta necesidad, el Centro de Estudios Andaluces y la Fundación Blas Infante han sumado esfuerzos con el objetivo de ofrecer a los andaluces de hoy una edición crítica de Ideal Andaluz que, a modo de guía, permita a los lectores actuales acercarse a este texto fundacional del andalucismo histórico y político. 

El libro, primer título de la colección de las obras completas de Blas Infante en edición crítica que irá viendo la luz en los próximos años, cuenta con una introducción del catedrático de Historia Económica de la Universidad de Málaga y patrono de la Fundación Blas Infante, Juan Antonio Lacomba Avellán, y un estudio introductorio firmado por el doctor en Filosofía por la Universidad de Granada y profesor titular de Filosofía Moral de la Universidad de Jaén, Francisco Garrido Peña.

La obra, presentada en el Ateneo de Málaga el pasado 15 de diciembre, llega a las librerías coincidiendo con el centenario de su primera edición y en el marco del programa de actividades conmemorativas organizadas por el Centro de Estudios Andaluces con motivo del 130 aniversario del nacimiento de Blas Infante

En su texto, el profesor Juan Antonio Lacomba sitúa esta obra de Blas Infante en la época y debate intelectual en los que surge y realiza una breve descripción de sus aportaciones principales. Por su parte, el investigador Francisco Garrido escribe una guía para entender Ideal Andaluz cien años después recorriendo capítulo por capítulo e incidiendo en los mensajes actuales contenidos en este ensayo escrito por Infante hace ahora cien años. En opinión de Garrido "Ideal Andaluz no es ni un texto literario, ni menos aún histórico, filosófico o científico", es un "ensayo político" que pretende "la emergencia de ‘un pueblo’ como sujeto político activo: el pueblo andaluz". A continuación, el libro reproduce el texto original que Infante publicó en 1915 y que difiere en ocasiones de algunas de las distintas ediciones que se han realizado desde los años setenta.   

Ambos estudiosos de la obra infantiana, Lacomba y Garrido, reivindican la actualidad ética y política del texto de Blas Infante. Así, el primero alerta de la necesidad de tomar en consideración hoy día las palabras que Infante imprimía en su Ideal: "Andalucía necesita una dirección espiritual, una orientación política, un remedio económico, una plan cultural y una fuerza que apostolice y salve". Mientras que el segundo asegura que en esta obra infantiana hay una respuesta "naturalista, igualitarista, federalista, cooperativa, republicana y democrática" a los dilemas y conflictos que vivía la sociedad de entonces y que pueden trasladarse a la sociedad actual. "Blas Infante escribió este ensayo político para impulsar la emergencia de un pueblo cosmopolita. Atravesados por el desierto comunitario de la globalización financiera ¿alguien duda de que este objetivo sigue siendo actual?", escribe Garrdido.    

Interpretación de Ideal Andaluz

La publicación de Ideal Andaluz  hace cien años debe ser enmarcada en el contexto de la crisis política, territorial y social que arrastraba el país desde el siglo XIX y que, en el caso andaluz, fue el caldo de cultivo que alumbró un rico debate sobre el regionalismo, desarrollado en prensa y revistas por varios intelectuales entre 1907 y 1914. Un debate, bien resumido en este libro por el profesor Lacomba, en el que Infante irrumpió con fuerza "con el fin de colocar a Andalucía en el nuevo concierto de las regiones dentro de la regeneración de la nación española", resume Garrido Peña.

Con Ideal Andaluz Infante aportó muchas piezas novedosas a este debate: la apuesta  social por una reforma agraria que propiciase la creación de una clase media campesina; la defensa del universalismo ético y la construcción de una senda cosmopolita, igualitarista, federalista, municipalista, cooperativa, republicana y democrática para Andalucía, etc.

El primero de los elementos innovadores con los que Infante renueva este debate tiene  tintes sociales. Es muy conocido el párrafo con el que denuncia la miseria de los jornaleros agrarios andaluces: "Tengo clavada en la conciencia, desde mi infancia, la visión sombría del jornalero. Yo le he visto pasear su hambre por las calles del pueblo, confundiendo su agonía con la agonía triste de las tardes invernales; (…) los he contemplado en los cortijos, desarrollando una vida que se confunde con la de las bestias; les he visto dormir  hacinados en las sucias gañanías, comer el negro pan de los esclavos, esponjado en el gazpacho mal oliente, y servido, como a manadas de siervos, en el dornillo común; trabajar de sol a sol, empapados por la lluvia en el invierno, caldeados en la siega por los ardores de la canícula". Con Ideal Andaluz Infante abre "el camino a un matizado programa de reforma agraria", a decir de Lacomba, apostando por la formación de una "creación de una clase media campesina" terminando así con la injusta distribución de la tierra, acompañada de una "educación pública concentrada en la educación profesional agraria". 

Otra de las grandes novedades con las que Infante da un giro al debate sobre el regionalismo es su "universalismo ético", noción en la que coinciden Garrido y Lacomba. Así, en Ideal Andaluz Infante "rechaza el odio, el antagonismo, la venganza o el resentimiento como motores para la construcción emocional de la identidad andaluza". Por el contrario, defiende "la alegría y la cooperación entre los individuos y los pueblos". Asimismo, como bien indica Garrido, a lo largo de toda la argumentación de Ideal Andaluz, Infante defiende el "mestizaje" y "cosmopolitismo" como valores identitarios de la comunidad andaluza.  

Asimismo, Infante, inserto en la tradición republicana y federalista, defiende en Ideal Andaluz un "comunitarismo republicano", que poco o nada tiene que ver "con el modelo de nacionalismo que se implantará en Europa", en opinión de Garrido.

Otra de las innovaciones políticas de Infante contendidas en Ideal Andaluz, de plena vigencia hoy día, y que Francisco Garrido resalta en una de las conclusiones con las cierra su estudio introductorio, es su apuesta por la democracia real que, en palabras del profesor de la Universidad de Jaén, pasa por "el municipalismo y el fomento de instituciones de democracia directa como el consejo abierto, la asamblea y el referéndum", ya que sólo así "podrá ser desterrado el caciquismo". De hecho, la "apología democrática es tan vigorosa en Ideal Andaluz –sostiene Garrido– que incluso se extiende retrospectivamente en la historia hacia las primeras culturas que habitaron Andalucía".

En opinión de Garrido sin duda el "estilo confuso e incluso caótico" de Ideal Andaluz  ha sido un grave obstáculo para su difusión, dando pie a que el texto haya sido objeto de múltiples interpretaciones esencialistas o teosóficas. Sin embargo, dado el carácter de programa político que tiene el texto, su dificultoso estilo "posiblemente fue en su momento un precio ineludible" que posibilitó sin embargo "su difusión inicial".

 

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